Por Javier Fabrissin

Un nuevo fármaco que sirve para el tratamiento de la esquizofrenia y para los efectos secundarios ocasionados por el nuevo fármaco para la esquizofrenia

Muscarinic Cholinergic Receptor Agonist and Peripheral Antagonist for Schizophrenia

Brannan SF et al – N Engl J Med 2021; 384:717-726


El estudio es uno más de los tantos: estudio multicéntrico de fase 2 con pacientes con un diagnóstico de esquizofrenia hospitalizados por una exacerbación aguda de psicosis y que estaban sin medicación por, al menos, dos semanas. Se les dio el nuevo fármaco Xanomelina-Trospium durante 5 semanas. La mejoría en puntos de la PANSS total fue de -17 con el fármaco y -6 con el placebo. 

Dado que estos resultados lo hacen al fármaco comparable con cualquier otro antipsicótico, ¿cuál sería entonces su aporte? Básicamente, que los pacientes tratados con este fármaco no tuvieron aumento de peso. Pero veamos, si los efectos secundarios principales –y frecuentes- fueron constipación, náuseas, dispepsia y vómitos, no descartaría que no hayan aumentado de peso porque, gracias a esos efectos secundarios, los pacientes no tenían hambre, o no querían comer porque se sentían incómodos, hinchados, o porque eliminaban todo lo que incorporaban.

Ahora, lo más curioso de todo es que se trata de un tratamiento para la esquizofrenia que, en realidad, combina dos medicamentos, la Xanomelina, un agonista de los receptores muscarínicos M1 y M4 que funcionaría bloqueando la actividad de los receptores dopaminérgicos, y el Trospim, un antagonista muscarínico periférico ¡para disminuir los efectos secundarios producidos por el antipsicótico! Básicamente lo mismo que si en una misma pastilla viniera el haloperidol con el biperideno.


No saber parar a tiempo (o un buen ejemplo de cómo se sigue investigando una molécula con la intención de que sea aprobada sí o sí a pesar de que los resultados, de entrada, son poco auspiciosos)

Donanemab in Early Alzheimer’s Disease
Mintun MA et al. – New England Journal of Medicine, March 13, 2021

El donanemab es un anticuerpo contra los depósitos de amiloideAβ. Como en la Enfermedad de Alzheimer hay un incremento de éstos en el cerebro, el razonamiento es que si se reducen las placas amiloideas, podría mejorar el deterioro cognitivo y funcional de la EA.

Para probarlo, a 131 pacientes le dieron donanemab por vía EV (otro (psico)fármaco de aplicación EV) y a 126 placebo. La medida primaria fue el cambio obtenido a las 76 semanas de tratamiento en el puntaje de la Escala Integrada para Enfermedad de Alzheimer. Mediciones secundarias incluyeron otras escalas de evaluación cognitiva y los cambios en la carga amiloidea y de proteína tau en el PET.
Para hacerla corta: los resultados fueron muy pobres. El cambio desde el puntaje basal fue de 6,86 puntos con el donanemab y de 10,06: ¡una diferencia de 3,20 puntos desde un puntaje de base de 106 puntos!, arrojando una P=0.04. Del mismo modo, en las mediciones secundarias ni siquiera hubo diferencias de relevancia entre placebo y fármaco activo. Eso sí, sirvió para reducir el tamaño de las placas de amiloide y la carga global de proteínas tau. 

“Ensayos clínicos más prolongados y de mayor tamaño son necesarios para estudiar la eficacia y la seguridad del donanemab en la enfermedad de Alzheimer”. Yo diría que no hace falta, con este solo basta para archivar un fármaco. Sin embargo, las opiniones se dividen entre los que ven “resultados promisorios” (los psiquiatras), por un lado, y, por otra parte, los analistas bursátiles quienes le bajaron el pulgar a Eli Lilly, la empresa que patrocina el producto. De hecho, es interesantísimo leer los cuestionamientos que éstos efectúan a los investigadores del producto y el modo brutal en que le critican los resultados globales y los resultados que publicitan. 

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