Por Marcos Zurita

1. En 1769, el escocés William Cullen inventa el término “neurosis” ensamblando  nêuron, nervio, y osis, dolencia. La  neurosis era una de las cuatro categorías en que Cullen dividió a las enfermedades (las otras eran pyrexiae – enfermedades relacionadas a los vasos sanguíneos-, cachexiae – donde se combinaban cuadros entre elementos naturales del paciente y externos, una especie de precursor de la “vulnerabilidad”–  y  locales – algo que ni la Enciclopedia de Edimburgo logra entender a qué se refería). Cullen define la neurosis como la alteración de las capacidades sensitivas y motoras sin daño orgánico. No hay un ánimo de interpretación sino que encarna el espíritu de la “descripción total”. Antes de Cullen, las dolencias nerviosas estaban atomizadas. Con él entran todas en el paraguas “neurosis”. Esto es importante.

2 Un poco más de un siglo más tarde, Freud conceptualiza el término como un padecimiento producto de un conflicto psíquico. Ya sé que es más complejo, pero bueno, no seamos obsesivos, esta es la parte que sabemos todos. 

3 La neurosis encuentra en el psicoanálisis su mejor existencia. El término se vuelve categoría estructural, diagnóstico, semblante, insulto y halago. Se polisemiza, se vuelve popular (hasta Lerner lo usa en una canción).

4 En 1967, en el DSM II, las neurosis aparecen listadas entre las “psicosis no atribuíbles a condiciones físicas previamente listadas” y los “Trastornos de la personalidad y otros trastornos mentales no psicóticos”. Como se puede apreciar, el DSM siempre gustó de definir por la negativa. 

5 En 1980 viene la revolución de Robert Spitzer y su DSM III en dónde erradica la palabra neurosis del manual y de la psiquiatría académica. 

Su argumento: “El término neurosis ha sido utilizado tantas veces y de formas tan diferentes, que creemos que ya no tiene un significado preciso. La mayoría de las veces se define por lo que no es; por ejemplo: no es un problema físico, no es psicosis”. 

Se podría aplicar esto mismo a muchas categorías diagnósticas de su Manual. Todas nacen nombrando algo y después los términos empiezan a no significar nada o, mejor dicho, significar tantas cosas que terminan no nombrando nada, “se llenan de la pelusa del sentido” como decía F. Schejtman en un gran texto sobre perversión y los eufemismos (citado de memoria, quizás no haya dicho eso exactamente, pero se entiende). 

6 ¿Qué pasó con la neurosis después del DSM III? ¿Dejó de existir?

Por un lado, la OMS la mantuvo como categoría diagnóstica (“Trastornos neuróticos, trastornos relacionados con el estrés y trastornos somatomorfos”) hasta la CIE 10. 

En la CIE 11 los “expertos de papers”, que no ven un paciente ni a tres cuadras de distancia, repiten lo que dijo Spitzer: “uno de los principios rectores de la CIE-11 es que debe reflejar la evidencia científica actual sobre las relaciones entre los trastornos en lugar de conceptos anticuados como la ‘neurosis’, que tienen una construcción y una validez predictivas deficientes”. Se aggiornan al DSM 40 años después, hasta Spitzer está muerto. 

Da risa el comentario, siendo que estos mismos burócratas, hace dos años, se basaron en una “evidencia científica” de fantasía para contribuir a la patologización de la infancia con la creación del “trastorno por adicción a los videojuegos” que en términos de validez predictiva valen lo que un patacón. 

En la tabla de equivalencias CIE 10/CIE11 del sitio de la OMS ponen que allí donde decía “F40-F48 Trastornos neuróticos, trastornos relacionados con el estrés y trastornos somatomorfos” ahora dice “Ansiedad o trastornos relacionados con el miedo”.

“Trastornos relacionados con el miedo”, qué científico

7  Ah, entonces sí dejó de existir la neurosis. Al enunciarse esta frase, se escucha una  risa de otro mundo (espectral, con efecto de cámara). Muajajajaja.  Con los conceptos psicoanalíticos de Neurosis en la cabeza, uno puede encontrar neurosis por todo el DSM 5

Trastorno de conversión 

(Trastorno por síntomas neurológicos funcionales)

Trastorno discociativos (incluye “amnesia disociativa”!)

Trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados

Trastorno de la personalidad obsesivo compulsivo

And so on, and so on.

8 Una primera conclusión es que la potencia clínica de las conceptualizaciones freudianas hacen que sobrevivan en la práctica actual más allá de los burócratas. Lo que sí se perdió al erradicar la neurosis de los textos oficiales de la psiquiatría es la posibilidad de que se transmitan a las nuevas generaciones esas herramientas. La idea de ansiedad no alcanza para entender, ni siquiera muchas veces  para orientarse, en el tratamiento de los neuróticos que aún llenan los consultorios. 

Es más, quizás como nunca antes, los psiquiatras tenemos entre nuestros pacientes, consumidores de diagnósticos y psicofármacos constantemente en #TrendingTopics. Ya no llegan solo los hombres de las ratas o las Dora sino expresiones minor de aquellas neurosis decimonónicas. Pero por minor, no menos sufrientes. 

Al limitar la posibilidad de pensar las neurosis desde la psiquiatria, se perpetuan dos problemas: a) los psiquiatras funcionando como técnicos de lavarropas y b) las sobreinterpretaciones de alguna parte del psicoanálisis, mas cerca de las fábulas de Esopo que de la clínica.

9 Todo este texto surgió a partir de que salió en el diario el siguiente titular:

 Entrevista con el papa Francisco: “A las neurosis hay que cebarles mate”

Nelson Castro le pregunta: Usted me habló varias veces de sus neurosis. ¿Cuán consciente es de ellas?

Y el Papa Francisco le responde: A las neurosis hay que cebarles mate. No solo eso, hay que acariciarlas también. Son compañeras de la persona durante toda su vida.

Impresiona un poco lo de acariciarlas en el contexto esclesiástico. Acierta una intuición estructural de las neurosis al llamarlas  “compañeras de toda la vida” y es muy interesante el consejo de cebarse mate porque incluye la dimensión de la charla.

Más adelante, el papa agrega: “Es decir, es muy importante poder saber dónde chillan los huesos. Dónde están y cuáles son nuestros males espirituales. Con el tiempo, uno va conociendo sus neurosis”. Se viene la imagen de Nani Moretti psicoanalista en Habemus Papa.

La oportunidad de continuar con una charla interesante es perdida por Nelson Castro (no se podía esperar otra cosa). Le pregunta: En general, se las agrupa en neurosis ansiosa, neurosis depresiva, neurosis reactiva y neurosis postraumática. ¿Cuál o cuáles son las suyas?

Francisco cae en la trampa, muerde la manzana y responde: La neurosis ansiosa. El querer hacer todo ya y ahora.

Y concluye reforzando el dogma católico siempre inhibitorio: Por eso hay que saber frenar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *