Articulos Originales

Los caballeros del Zodíaco: la amistad en el capitalismo tardío (Darío Charaf, 2020)

Esta reseña contiene “spoilers”:

el anime fue estrenado hace más de treinta años.

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I.

Saint Seiya (1986, conocida en español como Los caballeros del Zodíaco) es un anime y manga que trata, antes que nada, acerca de la amistad. Creada a mediados de los ’80, estrenada en Argentina en 1995 por ATC (la TV pública en tiempos menemistas) y revisitada ahora a partir de su reciente ingreso al catálogo de Netflix, la serie que marcó a una generación de niños criados en los ’90 aborda la amistad y las batallas conjuntas de cuatro adolescentes huérfanos entrenados desde su nacimiento como caballeros (o “Santos”): Seiya, Shiryu, Hyoga, Shun (y su hermano Ikki) son los personajes principales cuya historia (especialmente la de Seiya) guía la trama del anime.

En los primeros capítulos nos encontramos a estos caballeros “de bronce” (en referencia al material del cual está hecho su armadura) compitiendo en un torneo en Japón, organizado por la joven Saori Kido en honor a su abuelo recientemente fallecido, Mitsumasa Kido. El premio para el ganador del torneo es una poderosa “armadura de oro”, antigua posesión de Mitsumasa: la armadura dorada de Sagitario. Cada caballero tiene una armadura propia, de acuerdo a la constelación estelar que lo guía: Seiya la armadura de Pegaso, Shiryu la armadura del Dragón, Hyoga la armadura del Cisne, Shun la de Andrómeda, Ikki la poderosa armadura del Fénix. Al comienzo del anime, a la par que estos caballeros luchan, fortalecen su amistad y compiten en el torneo (entre efectos y calidad de animación deslumbrantes para los niños de aquel entonces y que, 25 años después, dejan cierto gusto a poco a los mismos espectadores devenidos en treintañeros hiperestimulados), se relata mediante flashbacks cómo cada uno de ellos obtuvo su armadura de bronce y cómo fue su entrenamiento desde pequeños. 

En el relato de la historia y el entrenamiento de cada caballero se produce una curiosa mezcla de fábulas y mitologías japonesa, china, hindú y griega (a lo cual, más adelante, se agregará la mitología nórdica), mientras se nos explica que cada caballero posee su “cosmos” (una energía interior ligada al universo, una suerte de singularidad universal de cada caballero) y que, mediante entrenamiento, el cosmos puede ser desplegado y elevado para adquirir mayor fortaleza. Al duro entrenamiento físico que realizan estos niños en lugares inhóspitos, se le agrega un férreo entrenamiento moral que se ordena según tres grandes valores: la verdad, la justicia y la amistad.

Lo que en los primeros capítulos parece ser meramente un torneo, un challenge durante el cual cada personaje despliega sus poderes para obtener una armadura superior a todas las demás, pronto se complejiza: caballeros sombríos, guiados por oscuros intereses, interrumpen el torneo y roban la poderosa armadura dorada de Sagitario casi en su totalidad, quedando el casco de la armadura en manos de Saori Kido y los caballeros de bronce, que deberán buscar las restantes partes robadas para restituir la armadura a su legítima heredera. Así, en torno a la lucha por la posesión de la armadura dorada y su poder, se desata el conflicto que guiará el comienzo de la trama de la “saga del Santuario” (desde el inicio del anime hasta el final de la batalla de las Doce Casas), saga a la que me limitaré en este… “análisis”.

II. 

Los caballeros de bronce, bajo las órdenes de la joven Saori Kido, intentan recuperar la armadura en Japón y luchan contra otros caballeros enviados para enfrentarlos. Progresivamente nos enteramos de la existencia, en Grecia, del Santuario y de su máxima autoridad, el Patriarca, representante de la diosa Athena en la tierra y líder de todos los caballeros. El Santuario es sede de entrenamiento y de vida de muchos caballeros (allí fue donde entrenó Seiya y donde obtuvo su armadura de Pegaso), y se encuentra en ese momento bajo el gobierno y el control del Patriarca Arlés. Es este último quien quiere poseer la armadura dorada de Sagitario para no ver amenazado su poder y envía para ello una y otra vez (fracasando una y otra vez) a numerosos caballeros (entre ellos, a los caballeros “de plata”, muy superiores en fortaleza a los de bronce) a enfrentar y asesinar a Saori, Seiya y sus amigos, declarados en rebeldía contra el Patriarca y por ende contra el Santuario. Una joven mujer en Japón guía a un grupo de jóvenes huérfanos contra un Patriarca en Grecia y su aparato de poder (la existencia de “caballeros mujeres” -sic.- que luchan a la par que los hombres y los entrenan -Marin es la maestra de entrenamiento de Seiya, Shaina la de Cassios- es uno de los guiños que, desde 1986, la serie parece hacer a nuestro tiempo). 

El entrecruzamiento y la oposición entre Grecia y Japón, entre Occidente y Oriente, es uno de los puntos más interesantes del comienzo del anime. No deja de resultar curioso ver a caballeros japoneses vistiendo armaduras cuyo trasfondo es la mitología griega (esto es mínimamente elaborado en la serie, por ejemplo cuando los caballeros griegos se quejan de que sea Seiya, un extranjero, un japonés, quien vestirá la armadura de Pegaso), a la par que se apela a la ciencia y a los últimos avances de la técnica: radares y computadoras para rastrear la armadura dorada de Sagitario y aviones de última generación para trasladar a los caballeros a islas casi mitológicas. La coexistencia de mitología antigua y avance tecnológico parece reflejar el desarrollo y la situación de Japón en los años ’80 (y, tal vez, del avance del neoliberalismo en general, que a la par que promueve la tensión entre lo nuevo y lo viejo, la aparente oposición entre las ansias de futuro y la nostalgia por el pasado, permite la perfecta coexistencia del hiperdesarrollo tecnológico junto a ideas y modos de pensamiento tan precarios que llamarlos “mitológicos” sería hacerles una concesión demasiado grande).

En este antagonismo que transcurre desde Grecia a Japón entre caballeros de bronce y caballeros de plata, la batalla de Shiryu de Dragón contra el poderoso caballero de plata Algol de Perseo es uno de los momentos de mayor intensidad. Shiryu se quita los ojos, se automutila, para no ver el Escudo de Medusa que porta Algol: evita de este modo ser convertido en piedra, gana la batalla y salva a sus amigos de una muerte petrificada. La mirada en ocasiones puede ser un obstáculo; Shiryu de esta manera se priva de ver, sacrifica con sus propias manos su visión en nombre de la victoria y de la amistad. Más adelante en la trama, en la casa de Géminis, su ceguera le será indispensable para sobrevivir frente a un enemigo aún más poderoso que Algol, dando así un bello ejemplo de lo que puede ser saber hacer con la falta, con la falla, con lo que no anda. 

A medida que se suceden las batallas (y los discursos acerca de la amistad y la unión entre hermanos, que pueblan los diálogos entre los caballeros para darse aliento frente a la adversidad) nos enteramos de tres cuestiones fundamentales: 1. Saori Kido es en verdad la encarnación en la tierra de la Diosa griega Athena, quien viene al mundo cuando este se encuentra en peligro y amenazado por las fuerzas del mal, diosa a la cual todos los caballeros deben responder y a la cual deben su lealtad; 2. el Santuario está tomado por esas fuerzas del Mal, el Patriarca (cuya identidad recién será desocultada al final de esta saga y que, también él, debería responder a la autoridad de Athena) representa el mal y la oscuridad, es decir, solo actúa movido por sus propios intereses para aumentar su poder y está dispuesto a cualquier cosa con tal de gobernar el mundo; 3. la armadura de Sagitario (con dueño vacante) no es la única armadura dorada, hay doce armaduras de oro correspondientes a cada uno de los signos del Zodíaco y por lo tanto doce caballeros dorados (infinitamente superiores a los caballeros de bronce y de plata) que habitan en Doce Casas en el Santuario bajo las órdenes del Patriarca.

III.

¿Saben los caballeros dorados que el Patriarca es malvado y se ha puesto en contra de Athena? ¿Creen defender una causa justa o defienden, a sabiendas, el mal? Esta es la pregunta que atraviesa la saga del Santuario y los diálogos durante la batalla de las Doce Casas: la relación de cada caballero con la verdad, con la justicia, con el saber y con el poder.

El primero en enterarse es el ya fallecido Aioros de Sagitario. Mediante un flahback se nos muestra como, 13 años antes del comienzo del anime, Aioros descubre la identidad del (falso) Patriarca Arlés, salva a la bebé Athena de ser asesinada por este y, antes de morir acusado de traición, la entrega junto con su armadura a Mitsumasa Kido (el abuelo adoptivo de Saori en cuyo honor se realiza el torneo con el cual comienza la serie). Mu, el caballero dorado de Aries (y refaccionador de las armaduras de los caballeros de bronce cuando se rompen) y Dohko de Libra (el sabio maestro de Shiryu en China) sospechan que el Santuario está tomado por las fuerzas del mal y no responden a los llamados del Patriarca. Es decir que tres de los doces Santos dorados se oponen al usurpador del poder.

El siguiente que desautorizará al Patriarca es el hermano de Aioros, Aioria de Leo: para limpiar la acusación de traición que pesa sobre su hermano se presenta ante el Patriarca y se ofrece para asesinar a Seiya y recuperar la armadura de Sagitario. En el transcurso de esta misión, luego de que la armadura de su hermano se oponga a él y defienda al caballero de bronce leal a Athena, se enterará de la verdad y no cumplirá con lo encomendado por el Patriarca (cuando, poco después, vuelve a luchar contra los caballeros de bronce, sólo lo hace bajo el influjo de un poderoso hechizo realizado por el Patriarca; es decir que en su caso el conocimiento de la verdad lo hace oponerse a la falsedad y al mal, y es el engaño el que lo desvía del bien y de la justicia).    

Los diálogos se irán complejizando y el anime tomará posición contra el relativismo historicista (cuyo auge parece coincidir con el del neoliberalismo), considerado como una vía directa hacia el cinismo. Esta es la ideología que encarna el discurso del caballero dorado de Cáncer, Máscara Mortal, cuando viaja a China a matar a Dohko de Libra. Al señalarle este último la maldad de su jefe (el Patriarca), el caballero de Cáncer justifica su acto destacando el carácter histórico del bien y la justicia: “La definición de justicia y maldad”, dice Máscara Mortal, “cambiará con el paso del tiempo. La historia ya lo ha demostrado. Aunque ahora uno pueda ser malo, será considerado justo si finalmente emerge victorioso. Cuando la justicia pierde, también puede convertirse en maldad. ¿Comprende, maestro?”. A diferencia de Aioria, el caballero de Cáncer no ignora las acciones malignas del Patriarca, pero las justifica señalando el carácter histórico y contingente de la definición del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto: “El actuar del Patriarca Arlés ahora se considera maldad, pero en el futuro serán un acto de justicia”. 

La respuesta de Dohko es lapidaria: “¡Tonto! Lo malo es malo,  ¡incluso en su mayor triunfo y resplandor! La verdadera justicia nunca cambia, aunque pase el tiempo”. Frente a la tontería ilustrada de Máscara Mortal el caballero de Libra opone la existencia de lo que no cambia, lo que no es relativo, lo imposible, lo real. Y eso funciona como un resguardo contra el cinismo.

Si el caballero dorado de Cáncer es el cínico que con su relativismo sostiene cualquier acto del poder establecido, Shaka de Virgo (uno de los personajes más interesantes del anime) es quien lo sostiene desde una perspectiva religiosa, desde la perspectiva del absolutismo. El resultado es similar: cualquier acto del Patriarca es justificado, en el caso de Cáncer porque no hay Verdad y en el caso de Virgo porque el jefe es La Verdad. Lo cual muestra que relativismo y absolutismo pueden convivir bien siempre que respondan a los mismos intereses. Shaka, que de niño recibió las enseñanzas de Buda (!) y es el caballero “más cercano” a Dios, se define a sí mismo como “algo sagrado desde el cielo hasta el infierno y viceversa, soy el centro del universo”. Es en su propio saber, presentado como Todo Saber (religioso, universal y megalómano), en el que se sostiene para fundamentar su apoyo al Patriarca. 

Sin embargo, Shaka de Virgo es un personaje mucho más complejo que ese servil de lo dado que es Máscara Mortal de Cáncer, y es por eso que hacia el final de la saga ayudará a los caballeros de bronce: “porque dudé por primera vez de mí mismo, jamás me había pasado”. La duda (que no es lo mismo que el relativismo) aparece como límite a lo absoluto y al absolutismo, como límite a la creencia en el propio saber y en el propio Yo. 

Hasta aquí, entonces, son el engaño (Aioria de Leo), el cinismo (Máscara Mortal de Cáncer) y el absolutismo (Shaka de Virgo) los que llevan a algunos caballeros dorados a defender al Patriarca, a luchar al servicio del mal contra Athena (quien entretanto resulta herida por una flecha dorada, motivo por el cual los caballeros de bronce deben atravesar las Doce Casas habitadas por los caballeros dorados y enfrentarlos para poder llegar a la casa del Patriarca y salvar a la diosa). En oposición a ellos, es la pasión por la justicia y la verdad, pero sobre todo el amor y la amistad, lo que sostiene a los caballeros de bronce para enfrentar (y derrotar) a enemigos que superan sus fuerzas. Seiya es quien principalmente apela una y otra vez a la unidad, el amor y la amistad como guías de sus actos. Pero no solo él. En la Casa de Libra Shun casi entrega su vida en un acto suicida para, con su calor corporal y elevando su cosmos a niveles mortíferos, salvar mediante un abrazo ardiente a su amigo Hyoga (escena por la cual, entre otras, en su momento se acusó al anime de “incitar a la homosexualidad” y se lo intentó prohibir por ello en España -además de haber sido censurado en EEUU por las escenas de violencia-). 

Cuando Shaka invita a Ikki de Fénix a venerarlo como a un Dios, Ikki responde: “no creo en los dioses, en lo único que creo es en mi propia fuerza, en mi hermano y en mis amigos”. Más lejos aún va Hyoga al enfrentarse con Milo de Escorpio (quien, más que por el Patriarca, parece luchar por su orgullo, al igual que Aldebarán de Tauro: ambos pelean porque no dejarán que caballeros inferiores como los de bronce pasen fácilmente por sus casas, y dejan de pelear cuando estos últimos prueban que pueden derrotarlos); cuando Milo le pregunta a Hyoga por qué está dispuesto a dar la vida en la batalla, el caballero de Cisne responde: “mi vida no es solo mía, es de todos”, para luego afirmar que lucha por sus amigos, por Athena y por la justicia. Algo similar dirá Dohko (ese gran exponente de la resistencia ética frente al avance del discurso capitalista) sobre su alumno Shiryu (que entrega su vida para derrotar a Shura de Capricornio): “vives no por ti, sino por el bien mayor, para la justicia, no para ti mismo. Vivir para la justicia en vez de para tu propia seguridad es hermoso pero triste”. 

IV.

La amistad, la justicia y el deseo de salvar a Athena es lo que guía entonces a los jóvenes caballeros a través de las distintas casas hasta llegar, exhaustos y mal heridos por las batallas contra los caballeros dorados, a la novena casa, la deshabitada casa de Sagitario. Allí, al borde de la muerte y de la derrota, la armadura de Sagitario (objeto del conflicto que guía la saga) los conduce hasta las palabras que el fallecido Aioros dejó talladas para quienes llegaran hasta ahí: “A los caballeros que han venido aquí, les encomendaré el cuidado de Athena”. Estos caballeros/niños huérfanos leen llorando la encomienda del primer caballero que salvó a Athena y luchó por ella; “el mensaje de Aioros, su ardiente deseo, está en pocas palabras”, dicen pareciendo entender el aforismo lacaniano: el deseo está articulado pero no es articulable. Un deseo no anónimo, que se dice en pocas palabras, que se dirige a quien lo quiera escuchar (leer) y que transmite una encomienda, un legado: nos encontramos acá con lo que en psicoanálisis se entiende como función paterna, independientemente de quién la encarne y de quién haya sido el progenitor, y en completa oposición al Patriarca: padre y patriarca(do) no sólo no se superponen, sino que se oponen. 

“Aioros nos encomendó a Athena”, dicen los caballeros de bronce aceptando la encomienda con lágrimas en los ojos, “él nos encomendó a la persona que más le importa, nos reconoció como verdaderos hombres”. A quien se le encomienda algo tan importante (el cuidado de un niño, de una diosa, el cuidado del otro, o simplemente el deseo mismo, cualquiera sea su causa), a quien se le transmite la causa del deseo, se lo reconoce como sujeto.

A partir de aquí los amigos/hermanos (hermanados en la causa del deseo) afrontarán las tres Casas que faltan antes de enfrentar al Patriarca. Shura de Capricornio, supuestamente el caballero más fiel a Athena, es otro de los Santos dorados que se ha puesto al servicio de las fuerzas del mal. En su caso no es ni el cinismo ni el absolutismo la razón de su acción, sino simplemente la más llana ignorancia: desconoce las acciones que ha llevado a cabo su jefe, cree que “la verdadera Athena” está con el Patriarca y considera a Saori una “Athena impostora”. Sin embargo, al enterarse de la verdad, no usa la ignorancia como excusa para su accionar: “cometí un error imperdonable, no merezco ser un caballero” dice Shura mientras es derrotado por Shiryu.

Distinto es el caso del siguiente caballero dorado, el anteúltimo, Camus de Acuario (y, dicho sea el pasar, el personaje favorito del autor de esta ya extensa “reseña”). Camus deja pasar a Seiya y Shun, parece saber que los caballeros de bronce defienden una causa justa y el Patriarca es un impostor. Acuario se suma entonces al grupo de caballeros dorados (Sagitario, Libra, Aries, luego Leo) que no pelea por el Patriarca ni por orgullo (Tauro, Escorpio). Sin embargo, enfrenta en dos ocasiones a Hyoga, el discípulo de su discípulo. En la primera ocasión lo hace para separar a Hyoga del cuerpo congelado de su madre muerta (preservado de la putrefacción por las heladas aguas del mar de Siberia, donde se produjo el naufragio de barco que acabó con su vida). Camus le dice a Hyoga que mientras siga aferrado (cual Norman Bates) al cadáver de su madre no podrá explotar “su séptimo sentido”, es decir, hacer uso de toda su fuerza, y es por ello que, en lo que aparenta ser un acto de crueldad pero es en verdad un acto de separación, hunde el cuerpo de la madre de Hyoga en el abismo, finalmente “enterrándola” en lo profundo del mar. En la segunda ocasión, vuelve a pelar con su alumno como un acto de enseñanza y, a la vez, como un modo de reconocerlo como caballero. Hyoga en esta segunda pelea alcanzará, entre la vida y la muerte, el “cero absoluto”, superando así a su maestro Camus, porque cree en lo justo.

Si hasta ahora el engaño, el cinismo, el absolutismo y la ignorancia han servido de argumentos para defender y sostener al Patriarca, será a un discurso acerca de la fuerza al que apelará el último Santo dorado, Afrodita de Piscis, el más bello y el más temible entre los caballeros de oro. En su pelea con Shun (la última antes de acceder a la recámara del Patriarca), al preguntarle éste cómo puede defender a la encarnación del mal, dice Afrodita: “El poder es justicia, la fuerza es lo absoluto. Los que ganan son absolutos. Mientras el Patriarca tenga suficiente poder y sea lo suficientemente fuerte para gobernar el Santuario y tenerlo bajo su control, él representa la justicia, él es justicia verdadera”. Es este un discurso que, al fundamentar el poder en la fuerza, defiende siempre el orden establecido y lo dado, que privilegia la fuerza sobre cualquier otra virtud: el más fuerte es quien debe gobernar, el más fuerte es quien impone con su poder lo que es justo, bueno y verdadero. Los más débiles, dice el caballero de Piscis, deben obedecer y someterse a la voluntad del más fuerte. Es un gran acierto del anime que sea justamente Shun, supuestamente el más débil entre los caballeros de bronce, quien herido de muerte derrota a Afrodita de Piscis, el último defensor del Patriarca. 

V.

Seiya llega así a la habitación del Patriarca Arlés, donde terminaremos de confirmar cuál es su verdadera identidad: es Saga, el caballero dorado de Géminis, quien asesinó al Patriarca anterior, intentó asesinar a Athena y usurpó así de modo ilegítimo el poder. En una suerte de fragmentación esquizoide de la personalidad (las dos caras de Géminis), su “lado malo” lo atormentó y prevaleció sobre su “lado bueno”, desviando a este poderoso caballero del camino de la justicia y la verdad, del camino de Athena. Seiya, desfalleciente al igual que todos sus amigos (Shiryu, Hyoga, Ikki y Shun han entregado todas sus fuerzas en las sucesivas batallas), logra salvar a último momento a Athena, a quien se le unen ahora sí todos los caballeros dorados sobrevivientes para enfrentar a Saga. 

“¿Qué tiene de malo que gobierne el mundo?”, dice Saga para fundamentar su acción, “¿Qué tiene de malo que un hombre con poder se apodere del mundo? Aunque yo no lo haga, nos arrebatarían la tierra, el mundo está poblado de espíritus malignos. Desde la creación del mundo existe el mal. Zeus en el Cielo, Poseidón en el mar y Hades en el infierno quieren invadir la tierra. Si la tierra cae bajo el control de alguien con ese poder, con el tiempo también me invadirían a mí, y harían lo que quisieran con los seres humanos. Por lo tanto soy el salvador de todos los tiempos y debo sepultar a quien se interponga en mi camino, sea quien sea”. Saga se presenta como el único hombre capaz de gobernar el mundo y protegerlo de un potencial enemigo externo. Justifica, en la existencia del mal, su propia maldad y su ambición. Es su ambición la que hizo que su lado malo conquiste a su lado bueno, y es por ello que Dohko de Libra dice sobre él que “es un hombre lamentable”. 

Milo de Escorpio le señala que al ser la reencarnación del mal no es apto para gobernar este mundo, a lo cual Saga responde que “aunque sea maligno, un acto de maldad es necesario para proteger este mundo de una invasión extranjera, solo lo puede lograr un hombre bastante poderoso para controlar el mundo. Quien tiene la mayor fuerza es quien debe hacerlo. ¿Dejarán que el mundo sea destruido?”. Saga de Géminis apela al miedo al extranjero para justificar su maldad y sus acciones injustas, su poder se sostiene entonces en el miedo (engaño, cinismo, absolutismo, ignorancia, fuerza y miedo es lo que sostiene al poder cuando no se fundamenta en la justicia y la verdad). A lo cual Athena responde: «Saga, si tienes razón y si el mundo debe ser controlado por los poderosos, sin noción de amor ni de justicia, mientras permiten que la maldad se desparrame por el mundo, si el mundo debe estar bajo control del más fuerte y el más malvado, me atrevo a decir que debería ser destruido. ¿De qué serviría vivir en un mundo así?». 

Tras estas palabras Saga resulta derrotado por Athena, concluyendo así la batalla de las Doce Casas y la saga del Santuario.

VI.

Por el contexto histórico y geográfico de su surgimiento, Los caballeros del Zodíaco puede considerarse una respuesta al incipiente avance del neoliberalismo en los años ’80. Ello quizás explique en parte por qué tuvo tanto éxito en la Argentina de los ’90 y también tal vez por qué, con el avance de la derecha en Latinoamérica y después de 4 años de gobierno neoliberal en Argentina, el anime permanece actual y merece ser revisitado: los discursos que fundamentan  las acciones del Patriarca no difieren demasiado del modo en que se concibe el poder en el capitalismo tardío. El engaño, el cinismo, el absolutismo, la ignorancia, la fuerza y el miedo como sostenimiento del poder, la prevalencia de la violencia, del individualismo feroz, del relativismo y del «realismo» (capitalista) son una marca distintiva de nuestros tiempos.

Frente a ello, Los caballeros del Zodíaco proponen la amistad y la hermandad como modo de lazo y de sostenimiento de sus personajes. En un mundo donde la familia tradicional y «patriarcal» ha parecido caer (o estar cayendo) como modo de organización del lazo social, la fraternidad, los lazos entre amigos y entre pares, pueden ser un modo de respuesta, un modo de hacer comunidad frente a la fragmentación de lo social y el desorden de los vínculos que impera en el capitalismo tardío.

Es la amistad la que guía a los caballeros de bronce una y otra vez y la que los salva cada vez que están por morir, por flaquear, cada vez que se enfrentan a dificultades, discursos y poderes que parecen superarlos. Es la amistad la que los motiva a seguir luchando aun cuando ya parecen estar derrotados. Y es por ello que hacia el final de la saga Shaka de Virgo cambia de bando y los ayuda; al ver la pasión con la que Seiya y los demás caballeros de bronce se mantienen unidos y luchan por su causa, Shaka concluye: “ustedes podrían tener la fuerza y el poder para crear un mundo nuevo y diferente, quiero ver ese nuevo mundo”.

One Comment

  • Mili

    Hermosa reseña llena de nostalgia ♡ La música en esta serie merece una mención especial(dejando de lado la versión española de la canción con la que empieza la primer saga ) . Hay escenas tristisimas y pensar que lo pasaban para el público infantil!!!!!jaja

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